|

¿ Sabías que la elaboración del ron comienza con la fermentación de la melaza ?
Esta sustancia es miel de caña de azúcar. La destilación posterior produce aguardiente de 75 a 95 grados de alcohol. Se envejece en barricas de roble.
¿ Sabías que se puede vivir sin comer hasta cincuenta días ?
Sin embargo, son suficientes 48 horas sin dormir para sufrir alucinaciones y, en algunos casos, morir.
¿ Sabías que no todos los insectos prueban con la boca ?
Algunos, como la mariposa y la mosca lo hacen con la lengua, con la que lamen y succionan la comida, pero también tienen órganos gustativos en sus patas, que son especialmente sensitivas al azúcar.
|
| 
Sentir…una palabra que va más lenta que cambiar, lo que produce una acumulación de distintos sentimientos ante cambios imprevistos o no esperados, llegando al desconcierto de aquellos que se ven sometidos a los altibajos del momento en el que viven.
Muchas veces creemos que cambiar es bueno, ya que erróneamente asimilamos cambio como sinónimo de mejora, cuando en realidad, la mayor parte de las cosas que cambian están predestinadas a cambiar a peor. Lo bueno es que, cuando algo lo hace a mejor, nos sorprende gratamente y se le acaba dando más valor, a veces más del que realmente tiene. Esto no es malo. Las cosas van perdiendo valor según pasa el tiempo, y quizá por eso deberíamos exagerarlo todo, para que con el paso de las horas, días, semanas…vaya tomando el valor real y se normalice.
A veces únicamente exageramos lo malo, y lo bueno lo tomamos como algo normal de la vida, o algo que debe ser así…Todo es, lo bueno y lo malo. La vida es eso, una acumulación de sucesos en la que es necesario, para poder valorar las situaciones, que existan los opuestos, porque si no todo carecería de sentido y acabaría aburriéndonos al igual que lo haría conducir por una carretera recta durante mil kilómetros. En el kilómetro 1001 puede estar la curva…y no estaremos preparados.
Sentir, aunque lento, y molesto a veces, es lo que nos hace ser y no ser… a fin de cuentas, lo que nos hace. Es difícil sonreír cuando dentro de ti no puedes hacerlo, pero siempre será mejor que tener que llorar cuando estas riendo.
Los momentos que se suceden en la vida, uno tras otro, nos enseñan lo que realmente es vivir, aunque a veces lo que sucede después nos da una lección que nada tenía que ver con lo aprendido, lo que hace cuestionarnos si realmente esto es así, o simplemente es una excusa para justificar, o bien hacer más llevadero, aquello que nos acontece.
Realmente vivir es como construir un castillo de naipes, que tarda mucho tiempo en tomar forma y el más mínimo error, ya sea por nuestra parte, con la intencionalidad de un tercero, o simplemente por las circunstancias del momento, hace que se venga abajo de repente y hay que empezar de nuevo. Cuando se trata de empezar, el momento en el que se empiezan a poner de nuevo las primeras cartas determina el final de ese castillo. Puedes comenzarlo desde la desesperación, lo que te hace no fijarte en la estructura, sino en terminarlo lo antes posible. Puedes hacerlo desde el conformismo, con tranquilidad, sin prisas…con el convencimiento de que algo provocará que vuelva a derrumbarse. O puedes hacerle con la ilusión de que esta vez será la última, con la paciencia que te dio al experiencia y la sabiduría que otorga el hecho de que haya caído más de una vez. Nada de esto garantiza que no vuelva a caer, pero al menos sabremos que cuando caiga no será por la falta de descuido, ni por las prisas ni el desanimo, caerá simplemente porque quizá sea su destino, el caer una y otra vez hasta conseguir mantenerlo en pie durante el tiempo suficiente como para disfrutar de él, ya que nunca será eterno.
El tiempo nos cambia, cuando somos jóvenes nos va haciendo más fuertes. A medida que pasan los años, contrariamente, nos va debilitando, o quizá las fortalezas van cambiando, asimilando el paso del tiempo. Pero los sentimientos siguen siendo lentos, igual que antes, y se acumulan de nuevo en las mentes débiles incapaces de asimilar los cambios con la velocidad que requiere cada situación, y a pesar de su lentitud, sigue siendo preferible sonreír cuando dentro de ti no puedes hacerlo.
|