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Una vez pude ser infiel y no lo fui. Me arrepentí toda la vida. Mientras yo me debatía entre el bien y el mal, entre el deseo de coger con un tipo en una playa a 3.000 kilómetros de mi pareja y cómo iba a mirarlo a los ojos cuando me fuera a buscar al otro dia?
Mientras mis pensamientos iban de la diablita a la angelita: hazlo, no lo hagas; dale qué importa quién se va enterar, con que lo sepás tu es suficiente; él se estaba “trabajando” a su compañera de trabajo…decia yo para no sentir culpa.
Otra vez, fui yo la infiel y me sentí mal. Estábamos pasando una mala época, con otro de mis novios, con el cual convivíamos. No lo digo como justificativo, sólo porque era así. No lo aguantaba más. Justo apareció un viejo amor, que en cosa de una semana me llevo a la cama. En realidad no me llevo, fui yo solita.
El sexo fue una mierda, el viejo amor había quedado en el tiempo, la culpa me carcomía la conciencia, y al final no pude ni tener un orgasmo decente. Lo peor fue cuando llegué a casa, mi ex-esposo me dijo: ¡qué linda estás! Lo reconozco la luminosidad que me da a la piel el sexo es por demás atractiva. Me sentí la peor hija de puta que existiera sobre la tierra.
Tanto una experiencia como la otra fueron desastrosas. No me considero una tipa infiel, que va por la vida corneando a todo hombre que tiene al lado. Pero tampoco quiero decir que no lo haría de nuevo.
Se puede hablar de la infidelidad femenina, desde una vereda y de la otra. De la que implica reconocer el hecho de haberlo sido alguna vez, y de la de las mujeres que nunca podrían ser infieles. Ya sea por motivos varios, jamás podrían entrar en ese juego de mentiras y verdades, o verdades y mentiras que implica un engaño.
Una vez le pregunte a una amiga, que era muy propensa a ser infiel, por qué lo era, y me respondió: porque soy fiel a mi misma.
En mi ciudad, en las últimas semanas, todo el mundo tiene el tema en la boca. Es que un caso policial lo puso en la agenda de los medios. Una señora de clase alta, con buen poder adquisitivo, buen cuerpo, y una familia de las tradicionales que viven en un country o barrio cerrado, jugando (o no) jueguitos sexuales, con alguien que no era su esposo, terminó ahorcada. El caso destapó la hipocresía en que viven tantos matrimonios, o grupos sociales, tratando de mantener una honrosa monogamia.
Hace 2 años el libro ¿Por qué las mujeres son infieles?, de la psicóloga alemana Gisela Runta, también llevó el tema a la hoguera de los comentarios. En el mismo la autora dice que “las mujeres usan a un hombre para la alimentación de sus hijos, a otro para las relaciones sexuales y quizás a otro para conversar”. Tres hombrecitos se balanceaban sobre los hombros de una dama…
Si tengo que valerme de mis propias experiencias, tendría que decir que dentro de mi círculo de amistades, hay algunas que coronan amorosamente a sus parejas, con amantes fijos y otras que tienen sexo ocasional de vez en cuando, quizás sólo una vez con algún hombre que se cruce por su camino. Y otras, que juran y rejuran, que jamás podrían ser infieles, y abren los ojos más grandes que un as de oro de sólo pensar esa posibilidad.
Sé que mis amigas infieles jamás confesaron su pecado carnal. Una de ellas, cuando le pregunté cómo hacía para resistir el cuestionamiento de su esposo. Me decía sin ningún pudor: siempre queda la opción de poner carita de ángel, y preguntarle con un pucherito: “¿quién, yo infiel? Pero no mi amorcito, qué dices?. Y luego practicarle un buen sexo oral para que se le quite cualquier duda que pudiera tener”.
Nunca sus maridos supieron de tales encuentros sexuales. A menos que quisieran sacarse al tipo de encima, digo al marido; no al amante.
Creo que en esto hay una diferencia abismal entre el hombre y la mujer. Nosotras somos astutas, prolijas, jamás dejamos pistas sueltas, o detalles que nos delaten. Y nos pueden estar apuntando con una 9 mm en la sien, que seguiremos declarando nuestra inocencia. Nuestra falsa inocencia.
En cambio ellos demuestran a las claras que algo raro les pasa. En esto son mucho más transparentes. También es cierto que el precio que tiene que pagar una mujer cuando se descubre una infidelidad es mucho más alto, no sólo en su pareja, sino en la sociedad, quizás por este motivo se cuide de tal manera…así que mucho ojo chicas!
En mi actual relación no he tenido sexo con otro hombre que no sea mi hombre pero …hay tantas tentaciones que mejor no voy a escupir para arriba!
Mi Opinión es que la infidelidad es parte del ser humano, nos gusta lo prohibido…hasta me atrevo a asegurar que una pareja de muchos años de relación monotona , con un polvito extra encenderia la llama de su propia cama…
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